A mediados de la decada de los 40, un grupo de individuos en estado de gracia decidió vivir en jazz; asimilaron elementos de carácter puramente musical tales como el ritmo y la improvisación para acabar transmutándolos en filosofía de vida,en un modo de existir en definitiva.
Se les conoce bajo el nobre de generación beat.Entre sus máximos exponentes encontramos escritores americanos de la talla de Jack Kerouac, Allen Ginsberg o William S. Burroughs, Corso, Lawrence Ferlinghetti, Philip Lamantia o Michael Mc Clure aunque también encontraremos figuras como la de Neil Cassidy, que jamás publicó una sola línea pero cuyo carisma e inspiración fueron fundamentales en la conformación del movimiento.

En los años posteriores a la segunda guerra mundial los beatniks formaron un movimiento literario que se cuestionaba y revelaba ante los convencionalismos y la moral impuestos por el “american way of life”. Como revulsivo, decidieron llevar una existencia bohemia en la que perseguían obtener una amplia liberación espiritual y por ende sexual. Para ello, no dudaron en utilizar sustancias psicotrópicas como herramientas de conocimiento. Fueron férreos defensores de las minorías y actuaron como catalizadores para la reivindicación de los derechos de las mujeres y los homosexuales.
En definitiva, ironía, burla, corrosión y eclecticismo para desarticular el monólogo cultural americano de la época. Todo lo anterior acabó desembocando en una nueva forma de escribir.

La palabra “beat” significa “golpe”. El cómo llegó a ser el término aglutinador de una generación requiere más explicaciones.
Después de la segunda guerra mundial, los músicos de jazz americanos lo utilizaban como una expresión de jerga para calificar al pobre o al exhausto, aunque en rigor, beat venga a significar también el ritmo de una composición musical que en el jazz, tanto proviene de la sección rítmica como de los matices del fraseo.

En 1952, el New York Times Magazine publicó un artículo firmado por Jhon Clellon Holmes bajo el título “This is the beat generation”. Aquella fue la primera vez que el término apareció acuñado en letra impresa. En 1948 Kerouac y el mismísimo Clellon Holmes habían sostenido una conversación en la que proponían esta expresión como elemento desintegrador con la finalidad de desnombrar a su generación, aunque tras la publicación del artículo los resultados fueron justamente los opuestos y el término se popularizó enormemente.
Es por ello que Kerouac tuvo que salir al paso aclarando que el sentido correcto de la expresión pasaba por relacionar el concepto con palabras como “beatitud” y “beatífico”.
Es obvio que los beatniks estaban muy influenciados por el pensamiento oriental sobre la naturaleza de la conciencia. Por ello aludían a este término para representar la necesaria derrota, la obligatoria oscuridad antes de alcanzar la iluminación y la supresión del ego; Allen Ginsberg hablaba de “la noche oscura del alma” o de la “nube del no saber” para referirse a ese estado.

Cuando hablamos de escritura beat hablamos de flujo initerrumpido, huída de puntuaciones y pausas constituidas por respiraciones retóricas. El origen de este lenguaje se encuentra en la corriente musical del Bebop.

Este estilo es considerado como el sucesor natural del swing o como una forma de jazz pura y sin desviaciones. Lo cierto es que esta corriente quebró los esquemas del jazz tradicional y los bebopers introdujeron ritmos y frases que anteriormente no habían sido utilizados.
Los solistas del bebop tenían total libertad en sus improvisaciones siempre que éstas se ajustaran a la estructura de acordes del tema. No obstante, a menudo acababan deshechando la melodía después del primer coro para emprender entre todos un círculo de descubrimiento. Se trataba de músicos virtuosos que tocaban en tempos extremádamente rápidos y de manera prolongada. Entre sus componentes encontramos figuras como el saxofonista alto y compositor norteamericano Charlie Parker, el trompetista y vocalista Dizzy Gillespie o el pianista Thelonius Monk del que se comenta creó una nueva forma de tocar este instrumento.

El punto de conexión entre el Bebop y los Beatniks se encuentra en la neoyorquina Calle 52, en la que abundaban los clubs de jazz donde se practicaba este estilo musical; el Red Drum, el Minton´s o The Open Door fueron algunos de los focos donde los autores beats quedaron fascinados por el vitalismo,la expresividad y la evolución constantes del bebop,en palabras de Allen Ginsberg, acabaron haciendo de estos músicos sus “heroes secretos”.
Consiguieron hablar el lenguaje del jazz en muchos sentidos. Por un lado, tomaron prestados términos de la jerga jazzística de los años 40 plagando sus obras de palabras tales como “square”,”cats”, “nowhere” o “dig”.
Intentaron recrear los estilos de vida de los músicos adoptando el mito del artista torturado y solitario, bastante frecuente en la escena jazzística; consumían heroína y benzedrina a imitación de los músicos que tanto les influenciaban, si bien en el caso de los beats, éstos pensaban que la droga no revelaba al individuo más que el individuo mismo, por lo tanto diferían en su actitud hacia las mismas.
El estilo de vida de los beatniks se basa en la improvisación, valor fundamental y definitorio de la escena bop, vieron que la ruptura y la introducción de ritmos de esta corriente podría ser un medio para lograr una creación artística más honesta y directa, potenciando el verso libre hasta conformar lo que Kerouac bautizó como “Spontaneus Bop Prosody”. Se puede calificar como un estilo entrecortado, escasamente puntuado, frases distribuidas como pinceladas y casi nunca revisadas. El ritmo, la métrica y la longitud de los versos presentaban bastantes similitudes con los esquemas jazzísticos; el mismo Ginsberg alteraba la longitud de los versos de acuerdo a su propia respiración y elaboraba un ritmo sincopado similar al jazz.

Mirna Mincoff

Jack Kerouac

Neal Cassidy y Jack Kerouac

Allen Ginsberg